Fue una de las frases del discurso de jura del nuevo presidente de Colombia Juan Manuel Santos. Es señal de esperanza para un pueblo con problemas de narcotráfico, con un conflicto armado de larga data y, además, con desigualdades sociales crecientes provocadas por un Gobierno que puso todo su acento en la seguridad nacional y dejó de lado las necesidades de una parte de la población. Evitar la "guerra" con Venezuela no sólo servirá para que la inversión no vaya a las armas sino también para pensar la posibilidad de que ese país se transforme en un socio clave en la región más que en un enemigo, como pretendía Álvaro Uribe fogoneado por Estados Unidos.
Según trascendió en la Agencia Bolivariana de Noticias, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reveló que el desempleo en Colombia aumentó a 12, 6% durante 2009 y que los desocupados llegaron a 2 millones 600 mil. El presidente Uribe había manifestado su preocupación por la creciente cifra de desempleados pero rápidamente atribuyó el problema a la crisis internacional.
El desempleo también crece debido al aumento de los “desplazados”. Los colombianos llaman de esa forma a los campesinos que son echados de sus tierras por la guerrilla y que migran a las ciudades sin recursos, por lo cual quedan en situación de calle.
La periodista colombiana Lina Andrea Morales Barragán afirma que la violencia sigue siendo el principal problema en su país, que el plan de seguridad del Gobierno del presidente Uribe puede que haya mejorado algunos aspectos de la vida cotidiana y que haya permitido un progreso en el turismo, pero asegura que por otro lado sigue existiendo un clima de “miedo” generado, entre otras cosas, por la influencia de los medios de comunicación y por la fuerte presencia del Ejército en las calles.

