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sábado, 7 de agosto de 2010

"La palabra guerra no está en mi diccionario"

Fue una de las frases del discurso de jura del nuevo presidente de Colombia Juan Manuel Santos. Es señal de esperanza para un pueblo con problemas de narcotráfico, con un conflicto armado de larga data y, además, con desigualdades sociales crecientes provocadas por un Gobierno que puso todo su acento en la seguridad nacional y dejó de lado las necesidades de una parte de la población. Evitar la "guerra" con Venezuela no sólo servirá para que la inversión no vaya a las armas sino también para pensar la posibilidad de que ese país se transforme en un socio clave en la región más que en un enemigo, como pretendía Álvaro Uribe fogoneado por Estados Unidos.

Según trascendió en la Agencia Bolivariana de Noticias, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) reveló que el desempleo en Colombia aumentó a 12, 6% durante 2009 y que los desocupados llegaron a 2 millones 600 mil. El presidente Uribe había manifestado su preocupación por la creciente cifra de desempleados pero rápidamente atribuyó el problema a la crisis internacional.

El desempleo también crece debido al aumento de los “desplazados”. Los colombianos llaman de esa forma a los campesinos que son echados de sus tierras por la guerrilla y que migran a las ciudades sin recursos, por lo cual quedan en situación de calle.

La periodista colombiana Lina Andrea Morales Barragán afirma que la violencia sigue siendo el principal problema en su país, que el plan de seguridad del Gobierno del presidente Uribe puede que haya mejorado algunos aspectos de la vida cotidiana y que haya permitido un progreso en el turismo, pero asegura que por otro lado sigue existiendo un clima de “miedo” generado, entre otras cosas, por la influencia de los medios de comunicación y por la fuerte presencia del Ejército en las calles.

viernes, 16 de julio de 2010

Sorpresa

Es lo que me causó ver que finalmente la ley de la igualdad fue aprobada. Me alegró el día, me hizo pensar que sí, somos el primer país de América Latina que legalizó el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Claro que no fue por unanimidad, lo dicen los 27 votos en contra que recibió el proyecto. Pero hay 33 que dijeron que sí; y con eso, al menos por ahora, fue suficiente para que saliera esta ley tan esperada no sólo por una minoría -como se dice por ahí- sino por muchas personas que creemos que es justo que todos tengamos los mismos derechos y que esos derechos sean evaluados desde el derecho.

¿Por qué creí que no iba a salir? Por declaraciones como las de la senadora Hilda “Chiche” Duhalde, quien aseguró que el tratamiento del tema "no era urgente". Claro está que no era urgente ni para ella ni para otros tantos que aportaron el mismo argumento. También está claro que, por ser heterosexuales, ya tenían los derechos que se reclamaban con esta ley. ¿Para qué votar a favor, no?

jueves, 15 de julio de 2010

La genialidad de Dolina sigue intacta

Sobre un comentario acerca de la falta de pluralidad del programa televisivo 678 de una pseudo-periodista, Dolina reflexionó y dijo que el problema era que esta mujer no entendía el concepto de pluralidad. "¿Cómo va a haber pluralidad en una singularidad?", cuestionó. Y preguntó cómo sería, según ella, un programa plural: "¿La primera media hora tendría que ser librecambista, la segunda media hora proteccionista? Y así sucesivamente...". La respuesta, siguió Dolina, es una ley de medios que permita que haya muchas singularidades de todo tipo, es decir, otros programas como 678 y otros que sean diferentes para que finalmente exista la pluralidad.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Argibay y el aborto: asuntos y cuestiones

De cómo un asunto se puede transformar en una cuestión hablan Oscar Oszlak y Guillermo O’ Donnell en su texto “Estado y Políticas Estatales en América Latina: hacia una estrategia de investigación”. Dicen que una cuestión es un asunto “socialmente problematizado” y que una de las formas para que eso suceda es poner a ese asunto en la agenda pública. Es decir, que sea discutido por un sector amplio de la sociedad. Pareciera ser que esto es exactamente lo que está pasando con el aborto. La ministra de la Corte Suprema de Justicia Carmen Argibay llamó a que se abra el debate en relación al asunto en un encuentro en Córdoba, organizado por la Asociación Católicas por el Derecho a Decidir-Córdoba. Esta organización aunque cueste creerlo y a pesar de lo que la iglesia condena, -como dice su nombre- es un movimiento de personas católicas que según consta en su carta de principios buscan la justicia social y el cambio de patrones culturales y religiosos vigentes en nuestras sociedades, entre otras cosas.
“La capacidad moral que las mujeres y hombres tienen para tomar decisiones serias y responsables en sus vidas y en particular en lo que se refiere a la sexualidad y reproducción humanas” es una de las afirmaciones de esta organización civil sin fines de lucro que coincide con el discurso de Argibay que enfatizó el hecho de que “cada mujer tiene que decidir lo que a ella le conviene” frente a un embarazo.
Este puede ser un primer paso para que el tema esté en la agenda pública, en la agenda de los medios, y no por prestar atención a una ideología o religión o a la falta de religión, sino por tener en cuenta las cifras que indican la cantidad de mujeres que mueren al año por tener que recurrir a abortos clandestinos en condiciones insalubres. Por eso, seguramente, Argibay rescató el lema de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.
En México esta campaña tuvo sus frutos hace dos años cuando el asunto que se convirtió efectivamente en cuestión tuvo su oportunidad de ser el 28 de agosto de 2007 cuando la suprema Corte de Justicia declaró constitucionales a las reformas a la Ley de Salud del Distrito Federal y al Código Penal aprobadas por la Asamblea Legislativa el 24 de abril de ese año. Ese 28 de agosto, quizás por la estrategia de cambiarle el nombre y quitarte esa carga tan terrible a la palabra “aborto” y comenzar a llamarle “Interrupción Legal del Embarazo” (ILE), quizás por la lucha de todas aquellas organizaciones que hace años pelean por el derecho de las mujeres a decidir, quizás por la coyuntura del momento, quizás porque en ese distrito era la tercera causa de muerte materna y la quinta a nivel nacional, se despenalizó el aborto hasta las doce semanas de gestación.
A pesar de las acusaciones de organizaciones en contra del aborto y de la iglesia católica, Argibay se defiende y afirma: “No somos abortistas, somos prolibertad de decidir”. Será entonces cuestión de ver cómo sigue este asunto que no tiene que ver con acabar con una vida sino con salvar a muchas y también con reivindicar la autonomía de la mujer para decidir qué es lo mejor para su bienestar.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Sobre un rol del comunicador


Hasta que no se entra en el Taller de orientación de políticas y planificación no se puede saber que el comunicador social tiene muchas otras funciones por cumplir en la sociedad, además de las clásicas conocidas como periodista, prensero, publicitario... Simplemente, es el momento en que un estudiante que leyó y leyó y no sabía muy bien qué hacer con todo lo leído puede reunir su conocimiento y aplicarlo en algo que no deja de ser subjetivo pero que también es algo concreto. Y se puede usar la teoría y todo en ese trabajo que se podría resumir en lo que se llama diagnóstico dinámico desde la comunicación. Es dinámico porque las situaciones van cambiando y el interventor debe ir adaptando su labor constantemente.
Se podría comparar con lo que pasa cuando uno va al médico: te dan un diagnóstico y se planifica -en base a la enfermedad- determinado tratamiento; la diferencia es que éste es un diagnóstico desde la comunicación y no desde la medicina.
Parece algo simple, pero un diagnóstico incluye una cantidad de pasos que pueden tornarse densos hasta llegar a lo que sería la posterior planificación en función de los “resultados” del mismo. Identificación de los actores involucrados, establecimiento de variables claves que guíen la tarea, nudos críticos, imágenes de futuro y líneas de acción son algunas cuestiones que hay que tener en cuenta a la hora de realizarlo. Se trata de un análisis exhaustivo de una organización o empresa en el que se evalúan, de alguna manera, sus debilidades y fortalezas, los deseos futuros y, fundamentalmente, los factores que impiden llegar a la situación utópica.
Es una labor que requiere compromiso y constancia de ambas partes pero da satisfacciones a la hora de la identificación de los problemas puntuales y de las posibles salidas para resolverlos.
Es ahí en donde comienza la planificación, y es importante distinguir a la planificación tradicional de la prospectiva. La prospectiva se hace desde el futuro hacia el presente. Es decir, empezando por mirar a dónde se quiere llegar y luego ver con qué recursos se cuenta, y no partiendo de lo que existe -como en la planificación tradicional- para ver qué se puede hacer con eso. La diferencia radica en que es una opción más abierta y que implica pensar posibilidades imposibles si partiera de lo que la organización/ empresa tiene al momento de comenzar el diagnóstico.
Aunque suene raro es un trabajo que los comunicadores pueden cobrar e incluso ganar algo de plata con eso.

viernes, 21 de agosto de 2009

Discusión con el crítico de Crítica

Es cierto. Bienvenida sea la crítica. Si no existiera no habría debate y sin debate no hay nuevas creaciones. La discusión aquí es con Leonardo D’ Espósito, nada personal, simplemente su nota en el diario Crítica genera por lo menos eso: debate.
Regaña a Juan José Campanella porque aparentemente en su última película -“El secreto de sus ojos*”- manifiesta una actitud benévola hacia la justicia por mano propia, y cuenta también en su escrito su hipótesis acerca de cómo este director de cine necesita dejar una “enseñanza o mensaje” en sus filmes. Lo que evidentemente no es para nada rescatable para el periodista. De las dos opiniones, la segunda puede entrar en lo que es una crítica de cine porque claramente es algo subjetivo, a criterio individual y gusto personal. Pero la primera habla de una falta de coherencia en el sentido de que hay un juzgamiento de Campanella que no necesariamente tiene por qué ser así. D’ Espósito dice: “Campanella usa las secuencias para el mensaje, para que quede claro una y sólo una visión del mundo, que es la visión que tiene de la Argentina y lo argentino, de la historia reciente.” Puede que sea verdad, pero ¿es eso materia de crítica? Para eso está el cine, para imaginar realidades o escenarios posibles que no tienen por qué ser reales… o sí, pero eso sólo el director/escritor lo sabe. No hay en todo el argumento del crítico una prueba de que lo que dice sobre Campanella efectivamente se lo haya dicho Campanella. Y no es una acusación menor ni inocente la que hace.
Es innegable que una crítica es muy personal, y que cada uno involucra su subjetividad de lleno, pero también es cierto que hay que poder sostener lo que se dice con argumentos basados en la coherencia y en fuentes avaladas. Y si su otra lectura sobre la película, “que la injusticia que no se resuelve genera más injusticia y pervierte al inocente”, fuera así, igualmente sigue siendo parte del “mensaje” de una película, no necesariamente es el pensamiento del director.
*Basada en la novela “La pregunta de sus ojos”, de Eduardo Sacheri.